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El siglo de las tinieblas, o memorias de un inquisidor; novela histórica original (1868) (14777608105)
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Title: El siglo de las tinieblas, o memorias de un inquisidor; novela histórica original
Year: 1868 (1860s)
Authors: Ortega y Frías, Ramón, 1825-1883
Subjects:
Publisher: Madrid, Galería
Contributing Library: Robarts - University of Toronto
Digitizing Sponsor: University of Toronto
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unas finas, enteramente nuevas y encarnadas, y su jubóny coleto, que no se renovaba sino en fuerza de remendarse,había sido sustituido por otro de fino paño de color verdeoscuro, así como su capa, y el sombrero, en cuyo lugar ha-bíase puesto una gorra de terciopelo verde, también con unapequeña pluma del color de las calzas, sujeta por un rosetónde bruñido acero. Por más que David se miraba, no se reconocía, y la ver-dad es que estaba bello y gentil, verdaderamente bello, ápesar de la cicatriz que le habia quedado en la frente y queinterrumpía la negra línea de su ceja izquierda. La palidez de su rostro estaba en perfecta armonía conla natural languidez y expresión dulce y melancólica de susgrandes y negros ojos. Ciñóse una espada que encontró junto al lecho y que com-prendió estaba destinada para él, así como una daga que co-locó en su cintura. Púsose la gorra inclinada á la derecha, colocó la manoizquierda en la empuñadura de la tizona, embozóse garbosa-
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DE LAS TINIEBLAS. 223 mente, y con aire un sí es no es de perdonavidas empezóá pasearse, mirándose al espejo.¡Pobre Davidf Al fia era un niño, y á su edad nada de esto podía daridea desventajosa ni de su inteligencia, ni de sus nobles sen-timientos; era un niño, habia vivido siempre en medio de lamiseria, se había visto despreciado por todos, y las imperfec-ciones de su cuerpo habían sido objeto de la baria de muchos. Ya no debia considerarse pobre;ya estaba bien vestido,y lo que era de mayor importancia para él, ¡ya no era jo-robado! ¿Qué se le ocurriría decir á Simón cuando lo viese?No tardaremos en saberlo.Abrióse la puerta y se presentó el anciano.David volvió á ponerse colorado como una cereza, porquelo habían sorprendido pavoneándose. —¿Qaé tal?—preguntó el hidalgo.—Parece que habéis re-cobrado bastantes fuerzas...—Todas, todas. —Aún necesitáis más, porque ahora que nada tenéis quehacer, es preciso que se complete vuestra educación. Hab
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